domingo, 5 de septiembre de 2010

compañera



Nunca olvidare tus pasitos que sacudían lo míos,tus gritos de alegría, hacían que mi boca vomitara cada  sensación, tu compañía siempre fiel entre  risas y  filosofía, entre  el alcohol y los cigarrillos que al otro día desvanecían mi voz.
Me enseñaste a volar sin tener alas, acaso eres aquel árbol que me hizo florecen en otoño. Mis palabras  abusan de los clichés y porquerías, mis conjugaciones básicas agradecen tu locura y felicidad, me rescataste, te rescate.
Entre tus escritos leí de nuestras aventuras, hemos corrido, llorado, reído y gritado en busca de coincidir.